miércoles, 2 de enero de 2019

DERECHOS, SIN DERECHO

Parece ser que a pesar de estar en el año 2018; casi 2019 dirían algunos, haya gente que todavía no sea consciente de que hace la friolera de 18 años que el mundo entró en el “glorioso” siglo veintiuno. Si señores/ as, siglo veintiuno. Siglo donde la revolución tecnológica entró a nuestras vidas para quedarse y cambiarla (para mejor o para peor, pero la cambió). Siglo dónde la globalización ha abierto fronteras, dónde las personas podemos sentirnos más cercas unas de otras, ¿o no es así? Pues al parecer resulta que no. Parece ser que para ciertos sectores de la sociedad el tiempo no ha pasado; o más bien, no han querido que pase.

Fuente:https://www.pinterest.es/pin/550213279458209036/
Que impotencia da seguir leyendo noticias en los periódicos nacionales donde te cuentan que un derecho de una menor ha sido pisoteado por una institución privada, pero ojo, subvencionada con dinero público. Que impotencia da tener que seguir escribiendo sobre estos temas porque aún la población no acaba de comprender que no somos nadie para decirle a una persona como vestirse; decirle lo que tiene que pensar, lo que tiene que sentir o hacer por el simple detalle de no compartir la misma creencia religiosa. Eso tiene un significado, un significado que tiene traducción en todas las lenguas de este planeta tierra que compartimos y del cual todos somos ciudadanos de derechos. Se llama respeto, en español; y se dice “respect” en inglés (por si alguno/a no pilla el concepto en español).

Y sinceramente, como me gustaría escuchar en este caso, en concreto, que es algo que solo pasa en España; porque ya se sabe aquello de “Spain is different”, pero no. Que una menor de 13 años, tenga que matricularse en otro centro educativo porque cuando se matriculó no llevaba yihab, y al empezar el año académico la chica decidió llevarlo sin previo aviso, no es algo que solo pase en un instituto en concreto. La discriminación existe y seamos realistas, ¿la sociedad realmente quiere combatirla? Si es así, ¿por qué se permite el desplazamiento de esta menor a otro centro, con la única justificación de que el instituto en sus normas internas estipula que no está permitido llevar en las aulas nada de vestimenta sobre la cabeza? Por favor, ¿a caso el llevar una gorra, un sombrero o una pamela es lo mismo que un yihab?

Me aterra pensar en el mensaje que pueden percibir los demás menores del entorno, o las distintas generaciones que ven que un derecho que está recogido en nuestra Constitución (sin intención de mirar más lejos), es derrochado a la basura como quien tira un envoltorio de un caramelo. Si no somos capaces de respetar a los demás; si no somos capaces de ser conscientes de que hoy en día tenemos unos derechos porque en su momento se peleó para tenerlos, ¿dónde vamos a llegar?

Cuando exista una sociedad que apoye, anime y luche junto a la víctima y junto a las distintas organizaciones y asociaciones que pelean para un mejor bienestar social, será cuando el mundo empiece a despertar y a ser consciente de su realidad. No necesitamos un mundo que invierta recursos en campañas de visibilización de problemas para ponerse “la medallita” de cara a los vecinos, mientras lo que se hace es apartar a la víctima del conflicto sin darle poder y darle su lugar. Mientras llega esa sociedad justa que todos nos merecemos, una gran masa silenciosa seguiremos luchando por todos.

Raquel Guerrero García, alumna del 3º curso del Grado en Trabajo Social, Universidad de Málaga

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