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| Fuente: http://nuestrasociedadglobalizada.blogspot.com/2012/03/la-piramide-poblacional-de-espana.html |
¿Sabes
cuál es el proceso que experimentan todos los seres humanos? Se trata de la vejez, que es la última etapa de la
vida de una persona en la que el ser humano experimenta tanto ventajas como
desventajas.
En
los últimos años, el crecimiento de la tercera edad se ha convertido en una
cuestión social importante, lo que ha generado una preocupación por comprender
el fenómeno. Surge la Gerontología Social, como una forma de describir los
cambios en la adultez tardía.
La
jubilación, ser abuelo o abuela, la viudedad, los cambios en la vivienda…etc.,
son algunas de las situaciones características de este periodo.
La
situación demográfica de las sociedades occidentales muestra un hecho
indiscutible, el progresivo envejecimiento de la población. En España, la
esperanza de vida, para los hombres, se ha incrementado desde los 74 años en
1992, a los 81 en 2010 mientras que para las mujeres, ha aumentado de 79 años
en 1992, a 85 en 2010.
La
pirámide de población de estas sociedades muestra una población regresiva con
un porcentaje de personas mayores cada vez mayor. Se trata de una población
envejecida con bajas tasas de natalidad y mortalidad y un crecimiento natural
escaso.
Los
efectos de esta evolución demográfica se traducirían en un incremento de los
gastos sanitarios, mayor gasto en protección social, mayor posibilidad de
exclusión social y un aumento de la discapacidad.
Ante
tal reto, es evidente que el trabajador social se va a convertir en una figura
importante en la sociedad, y concretamente en este sector, donde persiguen
conocer y cambiar la realidad de las personas mayores, contribuyendo en todo
momento al bienestar de las personas y a la promoción de sus potencialidades,
previniendo y detectando de manera precoz la existencia de problemas sociales
que dificulten o impidan la integración social de las personas mayores.
Se
pueden establecer cuatro grandes tipos de recursos sociales en atención a las
personas mayores, como pueden ser prestaciones residenciales, prestaciones no
residenciales, prestaciones técnicas y programas de ocio-salud.
Dentro
de las actuaciones del trabajador social, existen unos niveles de intervención
como son, la intervención primaria consistente en prevenir situaciones
negativas que puedan afectar a la persona mayor, la intervención secundaria
destinada a desarrollar métodos de afrontamiento que le ayuden a evitar
situaciones disfuncionales en el futuro y finalmente la intervención terciaria,
que intenta mejorar los efectos de una situación ya problemática.
La
intervención del trabajador social en este sector poblacional no debe estar
orientada hacia cambios en la personalidad del anciano, sino a ayudarlos a
resolver problemas situacionales. Debe mediar para hacerlos útiles y debe estar
disponible para ofrecer consejería, dirección y apoyo.
Belén Rodríguez López. Alumna de 3º curso del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga

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