martes, 22 de mayo de 2018

EL ESPEJO DE NUESTRA REALIDAD


Que bonito sería escuchar en televisión o en la radio la buena situación que viven nuestras personas mayores. Cuánta alegría y satisfacción nos produciría leer en el periódico del día que suben considerablemente sus pensiones, que la soledad se ha convertido para ellos en un fantasma del pasado, porque viven felices acompañados de sus familias o muy bien cuidados en todas y cada
una de las residencias de nuestro país o que se ha destinado más dinero público para asegurar su bienestar.

Desgraciadamente esta idílica situación, que no es ni más ni menos que lo que este colectivo se merece, dista mucho de la realidad que vivimos en nuestros días, y por consiguiente la realidad que nos reflejan los medios de comunicación.

Ya se ha convertido en parte de nuestro día a día enterarnos de que una persona enferma de setenta y tantos años ha sido abandonada por sus familiares en un hospital, que en un vecindario han encontrado a un anciano que llevaba varias semanas en su casa sin vida , que han desahuciado a un matrimonio octogenario porque con sus pensiones no podían pagar la hipoteca de su hijo al cual avalaron, o cómo muere una anciana en la sala de espera de un hospital tras llevar doce horas en urgencias sin ser atendida. Deberíamos llevarnos las manos a la cabeza al conocer todo este tipo de noticias, pero desgraciadamente nos estamos acostumbrado a oírlas y cada día más.

Soledad, maltrato físico y psíquico, abandono, pensiones indignantes, una precaria atención por parte de la sanidad de nuestro país y la pérdida de valores y respeto hacia ellos son los duros titulares a los que nos enfrentamos cada vez que empieza un informativo. Pero lo peor no es eso, las noticias no exageran, los medios de comunicación, aunque a veces hemos tenido la sensación de que han magnificado los sucesos, esta vez están sirviendo de espejo de la cruda realidad, de lo que está pasando y sobre todo de la percepción que tienen las personas mayores de su propia situación.

Sé que seremos muchos los que no entendamos por qué les pasa esto a ellos, a un colectivo tan vulnerable, que ha vivido tanto, que ha luchado tanto por sacar a sus familias adelante en tiempos, de guerra, de hambre, de enfermedades... Pero hay otras personas que no tienen memoria. Y decimos esto por justificarlas de alguna manera, y por no llamarlas de otra. Porque es inhumano permitir que alguien de tu alrededor y menos aún si es de tu propia familia pase necesidad, se sienta solo, abandonado o maltratado después de haber dedicado toda una vida a los demás.

Personalmente, nosotros como estudiantes de Trabajo Social comprometidos con la tercera edad tenemos que mostrar todo esto que está pasando, para concienciar a la sociedad, hacerle ver que las personas mayores son el mayor tesoro que podemos tener, son tesoros llenos de sabiduría que con el
paso de los años se hacen más frágiles y al igual que nosotros hemos necesitado sus cuidados, ahora ellos nos necesitan a nosotros.

Y si, también tenemos cosas bonitas que decir antes de acabar esta reflexión. Hay muchas personas buenas, no todo es malo... Hay muchísimas familias, voluntarios, profesionales, vecinos y personas que les dan a los mayores el lugar que se merecen. En muchas ocasiones recibimos por parte de los medios de comunicación historias humanas y esperanzadoras, noticias que nos hacen
creer todavía que hay gente buena, con valores, que ayuda a los demás, que se involucra y se compromete con nuestros mayores para hacerles la vida mejor y que velan por su bienestar.

Quedémonos con este pensamiento: ama, cuida y respeta a los ancianos... No hacerlos sentir invisibles es un acto de justicia. Han caminado mucho para llegar donde están. Han sufrido, han llorado, han ganado y han perdido, pero sobre todo han hecho camino al andar. Por ello, no pisoteemos sus veredas, mejor aprendamos de ellas.

(Entrada elaborada por las alumnas de 4º del Grado en Trabajo Social de la Universidad de Málaga
Verónica Marras Galacho / Rocío Galindo Rodríguez / María Puertas Morilla / Hanae Laaouich Hamrouche / Marta Reyes Moreno)

jueves, 17 de mayo de 2018

VUESTRA VOZ


A tí persona mayor.

Llevas toda una vida dedicada a los demás,
dedicada a tus hijos,
dedicada a tu trabajo para lograr un jornal y que tus hijos y tu familia no tengan problema alguno,
pero de repente, llega un momento en la vida en el que todo cambia.

Llega un momento en el que, ves cómo todas esas capacidades que llevas desarrollando y poniendo en práctica, se van deteriorando.

Ves cómo lo que antes hacías en 20 minutos, ahora necesitas 30.
Como todo lo que antes llevabas hacia delante, ahora te vas olvidando de cosas.
Como de lo que antes presumías de ser tan natural y tan perfecto, ahora está un poco más abajo o un poco más caído.

Y no lo entiendes, no sabes ¿por qué?

¿Por qué ahora? Si según dicen, una vez cumplidos los 50 empiezas a vivir de verdad…

Sientes miedo.
Sientes que el final está cada vez más cerca.
Sientes que esas arrugas que cada vez son más marcadas te van anunciando que ya no eres la/el protagonista, que hay nuevas personas que están viviendo los ‘’años dorados’’.

Un vez cumplidos los 50:
te vas preocupando de cosas por las que antes no te habías ni fijado.
Te empiezan a preocupar los ahorros porque cada vez sientes más cerca la
jubilación,
te vas preocupando de ese futuro incierto que llegará cuando apenas puedas valerte por ti mism@,
te preocupas de que será de tus hijos y tus nietos cuando tú ya no estés.

Nosotras, como alumnas de Trabajo Social y no habiendo ni llegado a los 25 años, no nos podemos imaginar lo que se siente, lo que te puede asustar o inquietar, pero desde aquí queremos hacer un llamamiento a todas aquellas personas de la tercera edad que tengan cualquier preocupación, cualquier lamento o cualquier duda:

Que nosotros estaremos ahí para todo lo que necesiten. Que velaremos por ell@s, por sus pensiones y por sus inquietudes más desalentadoras como pueden ser, las enfermedades degenerativas o las pensiones. Confiad en las nuevas generaciones porque seremos vuestra voz ante este mundo cada vez, un poco más individual y solitario.

(Entrada elaborada por Aylin Mandak / Alejandro Moya / Claudia Zambrana / Juan Pablo Gimeno / Paula Parada  / Manuela Piera. Alumnas/os de 4º Curso del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga)