domingo, 4 de marzo de 2018

Protección de menores y su evaluación: una asignatura pendiente


Mientras no evaluemos los resultados de las políticas sociales, seguiremos manteniendo los fracasos que incluso conocemos.
Esto ya ocurre con los resultados del sistema de protección a la infancia (por ejemplo).

Siempre queda pendiente pararnos a conocer y analizar situaciones que se mantienen durante años en el desarrollo de las políticas sociales. Situaciones que contienen información privilegiada sobre los resultados que se esperan de ellas, pero que nunca son debidamente explicadas. Con frecuencia, se realizan evaluaciones generales de resultados, que una vez publicadas dejan atrás oportunidades perdidas para evitar nuevos fracasos. Esto ocurre de forma general en numerosos ámbitos de la política social. Y en concreto, en las actuaciones dirigidas a la protección a la infancia en las que la evaluación realizada de forma sistemática en el tiempo va dejando vacíos sin respuesta ante los que no se introducen los cambios necesarios. Tal es el caso de los datos recogidos en los boletines estadísticos de medidas de protección a la infancia que publica anualmente el Ministerio de Servicios Sociales respecto a las causas por las que se producen las bajas de menores en los acogimientos residenciales.

Para el acogimiento residencial, los motivos por los que un menor causa baja pueden ser por reintegración a su familia, por mayoría de edad, por paso a acogimiento familiar o por “otras causas”.  Cada uno de estos motivos puede explicar el proceso de protección seguido y los resultados de cierre obtenidos con ello. De esta forma, y sin realizar análisis concretos de cada una de estas causas, es posible considerar que la reintegración a su familia de menores acogidos en centros cierra con resultados satisfactorios la medida iniciada de protección, al igual que el paso a un acogimiento familiar, o incluso la mayoría de edad, aun cuando en este caso sea necesario explicar a su vez la protección real ofrecida y la autonomía alcanzada del menor. Bajo estos tres motivos, en los últimos años -al menos desde el año 2014 en adelante- se han producido la baja en centros de la menor parte de los menores acogidos. Por el contrario, las causas fundamentales por las que la mayoría de los menores (el 53%) dejan de estar protegidos por la administración en acogimiento residencial, son “otras causas”, es decir, no se conocen. Esta es una conclusión objetiva, pero insuficiente, a la que puede llegarse tras conocer los datos estadísticos que cierra el ministerio cada año, en los que bajo el apartado “otras causas” sin determinar, sin definir, sin explicar, se registran de manera mantenida en el tiempo y con tendencia al crecimiento, los mayores porcentajes de menores que causan baja en acogimiento residencial. Los datos concretos son:



En el apartado de “otras causas” se acumulan como media el 53% de los motivos por los que los menores salen de los centros, sin volver a su familia, ni haber cumplido 18 años o encontrarse con una familia de acogida.

¿Cuáles son entonces esas causas?, ¿podemos mantener el cierre de los resultados de cada año sin pararnos a conocerlas?, ¿sin pararnos a revisar, a evaluar las respuestas efectivas de protección que se están ofreciendo a los menores?

Tras la modificación del sistema de protección a la infancia introducida por las leyes 26/2015, de 28 de julio, y Orgánica 8/2015, de 22 de julio, se inicia un nuevo escenario en el que los menores pueden causar baja voluntaria en los centros –aun siendo menores de edad- tras un periodo establecido. En este marco, al menos por la información ya conocida hasta el momento de las circunstancias que rodean la protección a la infancia en ciudades como Ceuta y Melilla respecto a menores extranjeros no acompañados, se producen constantes bajas voluntarias de menores que tras ello siguen permaneciendo en situación de abandono y desprotección. La mayoría queda en situación de calle en nuestras ciudades, siendo menores de edad que “voluntariamente prefieren vivir así”. Además de estas dinámicas, posiblemente reguladas pero de igual forma interpretables, es evidente que siguen sin explicarse las causas reales que llevan a numerosos menores a salir de los centros en los que hubo que protegerlos, quedando a su vez sin respuestas las posibles responsabilidades y mejoras que deban identificarse tras ellas. Queda pendiente por tanto, conocer el entramado real de estos datos, preocupándonos tanto ante ellos que nos obliguen a no realizar una nueva memoria con un cajón de sastre llamado “otras causas”, sobre todo cuando de lo que hablamos es de menores en protección.  Posiblemente en el boletín de datos que se publique de nuevo para el año 2017 nos lo volvamos a encontrar,… yo sin embargo seguiré buscando razones.

María de las Olas Palma García
Profesora de Trabajo Social y Servicios Sociales
Universidad de Málaga