Según
Fisac, Moreno, Moreno, y Mataix (2010), los
expresidiarios conforman uno de los grupos más vulnerables
a la hora de sufrir exclusión social en
España y esto dificulta su inserción laboral, social
y el acceso a unos recursos económicos tras su
paso por la cárcel.
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Aunque en el
artículo 25.2 de
la Constitución Española se
establezca como derecho fundamental que las penas privativas de libertad deben
estar orientadas hacia la reeducación y reinserción social de
las personas presas, según Mayorga
(2011), esto es en realidad algo más
teórico que práctico, ya que
la realidad es que los expresidiarios no cuentan con las mismas oportunidades
que el resto de población a la hora de
reinsertarse en la vida laboral o social.
Me gustaría
comenzar señalando que para que los expresidiarios puedan sentir una cierta
independencia a lo que economía
se refiere, por lo que entiendo como imprescindible que las
cuantías que reciben deberían incrementarse con el paso del tiempo, es decir,
que se tenga en cuenta el coste de la vida que cada vez aumenta más, o en su
defecto que estas no sean reducidas. También hay que tener en cuenta que uno de
los requisitos para recibir cualquier tipo de subsidio es de al menos 181 días
en prisión, lo que me parece cuestionable, ya que una persona que ha estado por
ejemplo 180 días tendrá las mismas o similares dificultades para reinsertarse
en el mercado laboral.
En cuanto a la
integración de las
personas ex reclusas, está promovida por
una serie de programas y recursos que son establecidas por Instituciones
Penitenciarias del Ministerio del Interior.
El objetivo de
estos programas desarrollados que tratan el ámbito
socioeducativo y el terapéutico es dotar
a las personas atendidas de los conocimientos, habilidades, herramientas y
principios fundamentales en todo proceso de crecimiento personal, socialización y reinserción. De este modo, a través del
desarrollo de valores y comportamientos positivos y el aprendizaje de
competencias personales y profesionales, se favorece que reclusos y ex reclusos
desarrollen un modelo de vida autónomo,
responsable y satisfactorio en lo personal, familiar, social y laboral.
El trabajador
social debe realizar una atención
personalizada para lograr dar una respuesta particular a la situación concreta de
cada sujeto. Se necesita trabajar en red, es decir, que exista una
corresponsabilidad de todos los agentes que intervengan (servicios sociales,
salud, vivienda, inmigración y trabajo) y
que un profesional escuche al individuo e identifique sus necesidades para
darles una respuesta.
La situación de
desorientación y el estrés de los
expresidiarios hacen necesario un trabajo integrado e individualizado. El
expresidiario podrá afrontar un
proceso de búsqueda de
trabajo cuando tenga sus necesidades básicas
cubiertas, disponga de apoyo familiar y social y persiga objetivos vitales.
Debemos tener
en cuenta que la prisión les ha
impedido desarrollar su creatividad, por lo que es muy importante realizar
actividades que les interesen.
Desde mi punto
de vista, pese a ser un tema muy presente en nuestra sociedad y de gran peso,
no se encuentra gran información sobre este
asunto. El principal problema de este colectivo es que la sociedad sigue
teniendo muchos prejuicios sobre ellos que les impiden integrarse de nuevo en
la misma, cerrándole así muchas
puertas, entre ellas, la principal vía de reinserción, que es el
mercado laboral.
Marina Soler Almoguera. Alumna de 3º curso del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga

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