Al
igual que la sexualidad es importante en nuestras vidas, también lo es en la de
las personas que padecen alguna discapacidad física, intelectual o sensorial.
En definitiva, la sexualidad es necesaria en la vida de todas las personas,
está presente desde el nacimiento y nos acompaña a lo largo de nuestra vida.
Este
tema debe dejar de ser tabú, puesto que no da igual si se habla o si se
calla. La sexualidad debe educarse, debemos contribuir a que padres, madres o
familiares de personas con diversidad funcional contribuyan a atender, educar y
prestar apoyos a la sexualidad de manera adecuada. Educar y atender la
sexualidad es importante para que aprendan a conocerse a sí mismos, a saber
cómo son y cómo funcionan; a que aprendan a aceptarse, a que se les quiera y se
les acepte tal y como son, y a que aprendan que la sexualidad no es fuente de problemas,
sino de satisfacción. Debemos tener en cuenta que todas las discapacidades no
son iguales, al igual que no lo son todos los hombres ni todas las mujeres. Tampoco
es lo mismo cuando la persona precisa más o menos necesidad de apoyos, si
muestra mucho interés o poco por la sexualidad.
Todas
las personas tienen una sexualidad pero, sin embargo, no todas las personas
deciden tener relaciones sexuales; lo mismo pasa con las personas con diversidad
funcional. Si en casa aprenden que ese tema no se habla, será difícil
que aprendan que para los temas relacionados con la sexualidad también
“cuentan” con su padre o con su madre. Se les puede hablar si preguntan pero
también aunque no pregunten, lo mismo que se hace con el resto de temas.
Las
personas con diversidad funcional pueden
tardar en aprender qué conductas de la sexualidad son íntimas y cuáles son
socialmente aceptadas en público. Por eso, a veces, tocan sus genitales delante
de la gente o en lugares públicos; ante esto, es importante hacer hincapié en
hacerle ver que “ahí no es el sitio” sino que hay otras alternativas como por
ejemplo cuando estén solos/as, o en su habitación. Así, aprenderán que la
sexualidad forma parte de su intimidad.
Es
importante, también, hacerles ver que su sexualidad es solo suya y que solo les
pertenece a ellos, nadie decide sobre si pueden o no, o deben o no deben tener
relaciones sexuales. Ni siquiera sus familiares. Es correcto tomar precauciones
pero no decidir por el hecho de creer que se tiene poder decisión sobre ellos
cuando no es así, de ahí la importancia de la educación sexual tanto para estas
personas como a sus familiares. No deberíamos esperar a que los problemas “nos
superen” para pedir ayuda, para ello, a veces, se necesita la ayuda de un/a
profesional pues a los agentes implicados en la vida de la persona con diversidad
funcional les importa su bienestar.
Mª José Díaz Liñan, alumna de 3º curso del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga

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