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| Fuente: Propio |
El
fenómeno del “sinhogarismo” o también conocidos como “Personas sin Hogar” (PSH)
representan la exclusión social más extrema en nuestras sociedades, siendo un
problema social de gran envergadura que afecta a miles de personas en España,
pero que detrás del término hay que investigar diversas cuestiones.
En
nuestra realidad social nos encontramos con que algunos factores como el de las
adicciones, hace desembocar a estas personas a vivir en la calle, independientemente
de la sustancia y/o comportamiento que se encuentre en su génesis. No obstante,
no todas las personas en esta situación se ven afectadas por los problemas que
acarrean estas adicciones. Aunque en muchas ocasiones la sociedad los prejuzga
y los etiqueta, sin conocer las situaciones personales que les han conducido a
ser parte de la problemática del sinhogarismo.
Dentro
de estos factores destacan, el desempleo, que es una de las características que
más influyen en esta temática, al ser uno de los desencadenantes para que no
tengan los recursos suficientes de subsistencia y se vean obligados a abandonar
sus hogares y deambular por los espacios públicos. Asimismo, y no menos
importante, la escasa o nula red de apoyo familiar juega un papel destacado para
que las personas que acumulan uno o varios factores de riesgo, se vean abocados
a esta realidad.
Los
Trabajadores Sociales, en este sentido, no son meros gestores de recursos, sino
que tienen que realizar un acompañamiento del usuario a lo largo de todo el
proceso de intervención, con el fin de que la persona sin hogar vea en el
profesional un referente, de forma que se pueda desarrollar una intervención
individualizada y cercana.
El
objetivo principal que persiguen todos los profesionales en materia de
exclusión social es facilitar la inclusión de todos aquellos que se encuentran
en los márgenes de la sociedad, para ello cuentan con una serie de recursos y
actuaciones orientadas a mejorar la calidad de vida de estos individuos.
Pero,
sin la erradicación de todos los prejuicios y mitos existentes en la sociedad,
la labor desempeñada por los Trabajadores Sociales caerían en saco roto. Prejuicios
tales como: son alcohólicos, no quieren trabajar, son incívicos y violentos; o
mitos como que hay recursos suficientes para que nadie viva en la calle, o que
si ya no se ven en la calle es porque se haya solucionado.
Como
se ha podido comprobar, no todo erradica en un factor, sino que se trata de una
problemática multifactorial hasta hoy muy desconocida y etiquetada.
Una
vez adentrados en la triste realidad de las personas sin hogar, hay que luchar,
porque nadie duerma en la calle, por dignidad nadie sin hogar.
Somos personas, tenemos derechos.
#nadiedurmiendoenlacalle.
Miguel Ángel Montero García. Alumno de 3º Curso
del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga.

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