La escuela es uno de los principales agentes de
socialización de la persona, es uno de los espacios donde niños y niñas
empiezan a desarrollar su personalidad, emociones, maneras de sentir, actuar y
pensar, por tanto es un espacio que debe ser muy cuidado y prestar mucha atención
en él, ya que si no se hace puede tener consecuencias negativas para los niños
y niñas.
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| Fuente: https://www.slideshare.net/eriikpatii/bullyng-y-ciberbullyng |
La discriminación es algo que lamentablemente está
muy presente en la sociedad, pero cuando se da en los niños y niñas, las
consecuencias son peores, ya que quienes la sufren pueden llegar a tener
problemas como la baja autoestima, inseguridad, miedos e incluso provocar
reacciones agresivas. Los motivos de la discriminación pueden ser por motivos
físicos, por razones de etnia, por tener padres/madres homosexuales, por
padecer alguna discapacidad, por motivos religiosos…
La discriminación puede empezar a aparecer en forma
de bromas, que en un principio se cree que es de manera inocente, pero que
genera un dolor en quien es objeto de burla. Incluso en muchas ocasiones son
los propios trabajadores del centro quienes discriminan, prestando atención a
unos alumnos más que a otros.
Para poder combatir contra el problema de la
discriminación en la escuela debemos conocer (padres, madres, profesores,
directivos, trabajadores sociales…), las causas y las medidas que existen para
eliminarla, para así poder poner soluciones ante este fenómeno y además que la
sociedad sea consciente.
Primeramente, la escuela tiene que ser un espacio
cuyos valores principales sea el respeto y la tolerancia, saber que todos somos
diferentes y que eso no nos hace peor o mejor persona que nadie.
Desde mi punto de vista, esto se podría conseguir
cambiando un poco el sistema educativo en el que vivimos. En las aulas, además
de darse las asignaturas, también deberían trabajar con las emociones,
sentimientos, ideas… de los niños y niñas, para que empiecen a conocerse a
ellos mismo y también a los demás. También se debería de fomentar el trabajo en
equipo, la cooperación de unos con otros, lo que daría lugar a que todos se conocieran más y de esta
manera aprenderían que no existen diferencias entre ellos, que si todos
trabajamos juntos, los resultados serán mejores que si se trabaja de manera
individual y competitiva.
Esto también es un tema que se debe de tratar en
casa, los padres y madres junto a sus hijos, deben enseñarles a tener ``una
mente abierta´´, porque en la mayoría de casos las acciones de cometen los
niños y niñas en la escuela es algo que han visto en sus hogares y han aprendido
de sus padres y madres.
Otro aspecto a tener en cuenta a día de hoy son las
redes sociales, ya que las víctimas de la discriminación, aparte de sufrirla en
la escuela, también lo viven en sus casas a través de las redes. Es decir el
acoso sale de las aulas, pudiendo incluso ser anónimo y que dure las 24 horas
del día.
Pienso que actualmente los niños y niñas acceden
cada vez a edades más tempranas a las redes sociales y los móviles, y estos
aparatos les acompañan todo el día. Los niños y niñas pueden ``esconderse´´
detrás de su móviles para burlarse de los demás y haciendo que se sientan más
poderosos que los demás. Esto es lo que se denomina ciberbullying. Los niños
deberían de poder acceder a dichas redes a partir de una cierta edad que se
considere que sean más responsables (por ejemplo 16, 17 años) y si se tiene con
menos edad, sus padres deberían de controlar dichas redes y móviles para evitar
las situaciones de acoso y ciberbullying. Esto no se trata de vigilar o espiar
a los hijos/as, sino que ellos puedan pedir ayudar o consultar las dudas que le
puedan surgir.
En mi opinión pienso que todavía estamos un poco
lejos de la solución para poder eliminar por completo la discriminación en la
escuela y el ciberbullying, ya que se siguen dando muchos casos en la sociedad.
Tenemos que aprender a guiar a los niños/as, hijos/as en cómo deben
relacionarse con las persona, siendo la base de esta relación el respeto y la
tolerancia.
Mª Rocío Hernández Macías, alumna 3º Curso del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga.

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