Esta
publicación está dirigida a una sociedad que ha normalizado los problemas que
tienen muchos menores como por ejemplo la adicción, la práctica de la
prostitución, el hurto, la inmigración, entre otros muchos.
Cuando
era pequeña, no tenía mucho conocimiento de qué profesión quería desempeñar en
el futuro. Por eso, me preguntaba qué era lo que no quería hacer. Por circunstancias personales relacionadas con
temas sociales o por mí ‘extraña’ infancia y adolescencia, descubrí que quería
trabajar con menores. No tuve muchas dudas a la hora de elegir grado
universitario y entré en Derecho porque pensaba que, desde esta perspectiva,
podía defender los derechos de los menores. Pero pronto me di cuenta de que justo
eso era lo que no quería hacer. Y así empecé a estudiar Trabajo Social. No tengo intención de que este artículo sea
técnico o científico, sino una mera opinión o simplemente cuento mi humilde y
breve experiencia. Es un asunto difícil de tratar ya que existe mucha sensibilidad
en este tipo de colectivos.
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| Fuente: https://pixabay.com |
Al
imaginarme ayudando al colectivo de menores, siempre lo relacionaba con temas
como el ‘bullying’ (acoso escolar), el acoso sexual o problemas familiares.
Pero ahora, he sido consciente que las problemáticas van mucho más allá. Pienso, que existen muchos problemas de los
que la sociedad no es muy conocedora. En las calles, hay niños que, con tan
solo 14 añitos, ya son adictos a muchos tipos de drogas. Hay niñas que ejercen la prostitución, ya sea
por adquirir dinero para salir adelante, por voluntad propia, o por qué se ven
obligadas a hacerlo. Y a la par, se drogan para olvidar o para poder ejercer.
Imagínense, lo que tienen que pensar y por lo que tiene que pasar una vez que
se terminan los efectos de estas sustancias tan perjudiciales y peligrosas.
Menores que con escasa edad, temen de fugarse de casa o del centro de
protección donde se encuentran, porque temen que los maten por ajustes de
cuentas que ya tienen. Y estos son pocos ejemplos de todos los que existen y no somos conocedores.
Por
suerte, existen muchas instituciones que ayudan, acogen, protegen y trabajan con
este colectivo tan delicado. Pero no siempre los menores se dejan ayudar. Lo
que me preocupa, es que he llegado a oír palabras tales como: ‘Este niño ya no tiene solución…’. ¿De verdad un menor con tan solo 14 años ya no
tiene solución? Posiblemente sea un camino largo y arduo y es cierto que no
existen suficientes medios y recursos para llevarlo a cabo, pero no se puede
dar todo por perdido a la primera de cambio.
Aunque
en cierto modo, todos creemos que no nos puede ocurrir, que todo está
controlado, qué esto no va con nosotros, debemos de pensar que, en cualquier
momento, todo puede cambiar, todo se puede torcer.
Por
eso, en primer lugar, todos debemos de ser conscientes de que existen casos
como estos. Debemos luchar para y por erradicar este tipo de situaciones, por
no dejar que sea una realidad invisible.
Por no darlo todo por hecho y siempre ir a más. Por incentivar la implicación
política y social. Hay que concienciar y educar.
‘La realidad no se va, ni se ve, pero
siempre queda ahí’.
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