lunes, 22 de enero de 2018

REFUGIO Y MIGRACIONES

Tras asistir a la conferencia que tuvo lugar en la UMA, sobre refugio y migraciones, sacamos en claro una cosa, por encima de todo. Estamos ante un problema y una crisis a la que no se le da la importancia que tiene.

Partiendo de la base de que se trata de personas que huyen buscando la vida, que huyen de la masacre, del horror, del miedo. Y cuando salen de ese horror, no encuentran esa vida. No encuentran esa vida a la que todo el mundo tiene derecho.

Y es por ello que podemos afirmar que los Derechos Humanos están en crisis. La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”. Un claro ejemplo de que estos derechos están siendo vulnerados por los Estados en la actual crisis de los refugiados.

Fuente: https://pixabay.com
La crisis de los refugiados es un fenómeno global, que nos afecta a todos. Un fenómeno cuyo cambio es necesario. Necesita una transformación. Una transformación que tiene su base en la sociedad y en la educación. Si la educación no se cambia, la sociedad no cambiará su forma de pensar y de actuar frente a este fenómeno.

Pero lo cierto es que los únicos agentes que pueden promover este cambio y asegurar que se lleve a cabo son los gobiernos de los países. Sólo ellos pueden cambiar las políticas sociales y hacer ver a los ciudadanos que la entrada de refugiados en su país es un derecho que todos tenemos.

Hay que tener en cuenta que en los países de los que vienen huyendo, hay vidas que no significan nada. Por ejemplo, en las maras abusan de las mujeres. Y tanto ellas como el colectivo de LGBTI no son reconocidos como personas. Un hecho que, en nuestro país, debido a todo lo que hemos avanzado, es motivo de asombro e indignación. Pero nos indigna más que crucen la frontera a que mueran en sus países perseguidos por haber nacido de una condición que allí no se considera “normal”. Si hacemos memoria, o tiramos de libros, no hace mucho en nuestro país se vivían situaciones parecidas. Nosotros hemos conseguido avanzar en ese pensamiento y ellos aún no han llegado. Pero eso no nos hace ni mejores, ni diferentes.

Siempre nos hemos creído que íbamos un paso por delante de todo por ser un país democrático, pero un país no es democrático dependiendo de las veces que vote, si no de las oportunidades que proporciona a los individuos más débiles. Y en este sentido hay muchas falsas democracias. Muchas sociedades que presumen de ser democráticas, cuando las mayores oportunidades (por no decir todas) son para los individuos con más posibilidades o de mejores familias.

No es algo tan disparatado ni absurdo que vivamos todos juntos en una sociedad. Es cierto que la identidad nos diferencia, pero aún así se puede construir una comunidad con todas y cada una de las personas, se puede construir una comunidad sin importar la nacionalidad, la religión o su origen. Al final todos somos personas, y lo único que nos diferencia es el lugar donde nos tocó nacer. ¿Acaso eso nos debe de condenar de por vida?

Para concluir, cabe destacar que el papel de los gobiernos ante esta situación ha sido todo un fracaso. Y es que las políticas migratorias son políticas de gestión de la muerte, ya que dejan morir a cientos de miles de personas.

¿Es esa la sociedad democrática en la que queremos vivir?

Paula González Miño / Paula González Platero / Nuria Jiménez Segalerva / Almudena Ruiz Marín / Inmaculada Serrano Rico y Marina Soler Almoguera  

                                                             (2º Curso de Trabajo Social. Universidad de Málaga)
                                  

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