Tras
asistir a la conferencia que tuvo lugar en la UMA, sobre refugio y
migraciones, sacamos en claro una cosa, por encima de todo. Estamos
ante un problema y una crisis a la que no se le da la importancia que
tiene.
Partiendo
de la base de que se trata de personas que huyen buscando la vida,
que huyen de la masacre, del horror, del miedo. Y cuando salen de ese
horror, no encuentran esa vida. No encuentran esa vida a la que todo
el mundo tiene derecho.
Y
es por ello que podemos afirmar que los Derechos Humanos están en
crisis. La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que
“en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar
asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”. Un claro ejemplo
de que estos derechos están siendo vulnerados por los Estados en la
actual crisis de los refugiados.
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| Fuente: https://pixabay.com |
La
crisis de los refugiados es un fenómeno global, que nos afecta a
todos. Un fenómeno cuyo cambio es necesario. Necesita una
transformación. Una transformación que tiene su base en la sociedad
y en la educación. Si la educación no se cambia, la sociedad no
cambiará su forma de pensar y de actuar frente a este fenómeno.
Pero
lo cierto es que los únicos agentes que pueden promover este cambio
y asegurar que se lleve a cabo son los gobiernos de los países. Sólo
ellos pueden cambiar las políticas sociales y hacer ver a los
ciudadanos que la entrada de refugiados en su país es un derecho que
todos tenemos.
Hay
que tener en cuenta que en los países de los que vienen huyendo, hay
vidas que no significan nada. Por ejemplo, en las maras abusan de las
mujeres. Y tanto ellas como el colectivo de LGBTI no son reconocidos
como personas. Un hecho que, en nuestro país, debido a todo lo que
hemos avanzado, es motivo de asombro e indignación. Pero nos indigna
más que crucen la frontera a que mueran en sus países perseguidos
por haber nacido de una condición que allí no se considera
“normal”. Si hacemos memoria, o tiramos de libros, no hace mucho
en nuestro país se vivían situaciones parecidas. Nosotros hemos
conseguido avanzar en ese pensamiento y ellos aún no han llegado.
Pero eso no nos hace ni mejores, ni diferentes.
No
es algo tan disparatado ni absurdo que vivamos todos juntos en una
sociedad. Es cierto que la identidad nos diferencia, pero aún así
se puede construir una comunidad con todas y cada una de las
personas, se puede construir una comunidad sin importar la
nacionalidad, la religión o su origen. Al final todos somos
personas, y lo único que nos diferencia es el lugar donde nos tocó
nacer. ¿Acaso eso nos debe de condenar de por vida?
Para
concluir, cabe destacar que el papel de los gobiernos ante esta
situación ha sido todo un fracaso. Y es que las políticas
migratorias son políticas de gestión de la muerte, ya que dejan
morir a cientos de miles de personas.
¿Es
esa la sociedad democrática en la que queremos vivir?
Paula
González Miño / Paula
González Platero / Nuria
Jiménez Segalerva / Almudena
Ruiz Marín / Inmaculada
Serrano Rico y Marina
Soler Almoguera
(2º Curso de Trabajo Social. Universidad de Málaga)
(2º Curso de Trabajo Social. Universidad de Málaga)

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