Podemos definir el capital, desde la economía, como los bienes y posesiones de uno o varios individuos que les sirven para generar riqueza, bienestar, estatus... para sí mismos; más allá de su fuerza de trabajo. Por ejemplo, alguien que hereda de su familia inversiones millonarias, tendrá que esforzarse menos para alcanzar el mismo o superior nivel de riqueza y estatus que alguien que no ha heredado nada de valor, que solo cuenta con su propio trabajo para salir adelante.
Algunos científicos sociales,
entre los que destaca Pierre Bourdieu se han destacado en las últimas décadas
por tomar prestado ese concepto de la economía y aplicarlo al campo de la
sociología, encontrando nuevas formas de capital no tangible, que estratifica
de una forma más sutil. Así encontramos:
- El capital
cultural (Bourdieu, 1983) son las formas de educación y conocimiento que sitúan
a un individuo en un estatus superior dentro de la sociedad en su conjunto. En
la sociedad contemporánea occidental, entenderíamos, por ejemplo, que un
licenciado en medicina, especialista en neurocirugía, aficionado al golf, a la
hípica y al arte impresionista, se sitúa por encima de la media en cuanto a
acumulación de capital cultural se refiere.
- El capital
social (Fukuyama, 1994): podría definirse como el conjunto de personas con las
que podemos cooperar, cuántos son y quiénes son, así como el conjunto de
valores y normas informales que nos permiten cooperar con ellos de manera
confiable. Un individuo que se mueva en círculos de confianza de personas
influyentes tendrá más posibilidades de salir adelante y alcanzar estratos
sociales elevados. "No solo importa qué conoces, sino a quién".
- El capital simbólico “no es
otra cosa que el capital económico o cultural cuando es conocido y reconocido
(…) en un determinado espacio social”. (Bourdieu, 1996)
Estas formas de capital se relacionan de forma
íntima, de manera que la inversión y acumulación de uno de ellos facilita el
acceso a los otros. El capital erótico es un concepto aún más reciente. El
término es acuñado por la socióloga Catherine Hakim en 2010. Como sugiere su
nombre, resalta la importancia de belleza y el atractivo como condicionante
hacia el éxito de las personas. Factores como la belleza facial, el atractivo
sexual, el don de gentes, el modo de vestir, el manejo en encuentros sociales,
la vivacidad y energía... parecen determinantes para la forma en que la
sociedad trata a las personas. Aunque de forma consciente no tengamos
prejuicios contra alguien poco agraciado físicamente, la sociedad en su
conjunto acoge mejor en su seno a las personas atractivas y atrayentes, hasta
el punto de alzarlas a estratos superiores.
A pesar de lo sugerente de su
nombre, el capital erótico parece estar presente en todas las etapas de la vida
de las personas. Desde pequeños, los niños más atractivos y carismáticos parecen
recibir un mejor trato en la escuela por parte de sus maestros (Daniel S. Et
al, 2009). Hasta en las residencias de ancianos, aquellos con mayor atractivo,
capacidad de expresarse, inspirar sentimientos positivos... recibirían más
atenciones por parte de sus cuidadores. Las distintas formas de capital son
intercambiables: un futbolista de élite, si es atractivo y carismático tendría
mayor facilidad para encontrar patrocinadores y obtener ingresos publicitarios,
que otro igualmente habilidoso, pero menos agraciado físicamente.
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| Catherine Hakim. Fotografía: thetimes.co.uk. |
Los Trabajadores Sociales del
Siglo XXI, que hemos ido asimilando la importancia de estar formas de capital
derivadas de la teoría de campos de Bourdieu en nuestra praxis, no debemos
despreciar tampoco este nuevo concepto de capital erótico. En primer lugar,
debemos batallar contra nuestros sesgos cognitivos; para no tratar de forma
menos favorable, en nuestros ámbitos de trabajo, a usuarios que no manejen bien
nuestro idioma, no tengan demasiadas habilidades sociales, no vengan vestidos como
se espera a una entrevista, o no se ajusten a los cánones de belleza. Por otra
parte, a la hora de entablar una relación profesional-usuario; debemos tener en
cuenta que nuestras habilidades sociales, nuestro manejo del lenguaje, e
incluso nuestra buena presencia, influirán -aunque no sea lo deseable- en el
éxito de nuestras intervenciones, de la institución para la que trabajemos y a
largo plazo de nuestra carrera profesional.
Miguel CM. Estudiante de 2º del
Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga.
Referencias:
- Bourdieu, P.
(1983). Poder, Derecho y Clases Sociales. Desclée. pp. 131-164
- Bourdieu, P.
(1996). Cosas Dichas. Barcelona: Gedisa
- Daniel S.
Hamermesh, Rachel A. Gordon & Robert Crosnoe (2019) O Youth and Beauty:
Children’s Looks and Children’s Cognitive Development. National Bureau of
Economic Research. DOI: 10.3386/w26412
- Fukuyama, F.
(2000). Social capital and Civil Society. Washington DC: IMF Institute.
- Hakim, C.
(2010) Erotic capital. European Sociological Review, 26(5): 499-518
- Hakim, C. (2011) Erotic
capital. New York: Basic Books.

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