viernes, 16 de julio de 2021

El capital en lo social: de Bourdieu al capital erótico

Podemos definir el capital, desde la economía, como los bienes y posesiones de uno o varios individuos que les sirven para generar riqueza, bienestar, estatus... para sí mismos; más allá de su fuerza de trabajo. Por ejemplo, alguien que hereda de su familia inversiones millonarias, tendrá que esforzarse menos para alcanzar el mismo o superior nivel de riqueza y estatus que alguien que no ha heredado nada de valor, que solo cuenta con su propio trabajo para salir adelante.

Algunos científicos sociales, entre los que destaca Pierre Bourdieu se han destacado en las últimas décadas por tomar prestado ese concepto de la economía y aplicarlo al campo de la sociología, encontrando nuevas formas de capital no tangible, que estratifica de una forma más sutil. Así encontramos:

- El capital cultural (Bourdieu, 1983) son las formas de educación y conocimiento que sitúan a un individuo en un estatus superior dentro de la sociedad en su conjunto. En la sociedad contemporánea occidental, entenderíamos, por ejemplo, que un licenciado en medicina, especialista en neurocirugía, aficionado al golf, a la hípica y al arte impresionista, se sitúa por encima de la media en cuanto a acumulación de capital cultural se refiere.

- El capital social (Fukuyama, 1994): podría definirse como el conjunto de personas con las que podemos cooperar, cuántos son y quiénes son, así como el conjunto de valores y normas informales que nos permiten cooperar con ellos de manera confiable. Un individuo que se mueva en círculos de confianza de personas influyentes tendrá más posibilidades de salir adelante y alcanzar estratos sociales elevados. "No solo importa qué conoces, sino a quién".

- El capital simbólico “no es otra cosa que el capital económico o cultural cuando es conocido y reconocido (…) en un determinado espacio social”. (Bourdieu, 1996)

 Estas formas de capital se relacionan de forma íntima, de manera que la inversión y acumulación de uno de ellos facilita el acceso a los otros. El capital erótico es un concepto aún más reciente. El término es acuñado por la socióloga Catherine Hakim en 2010. Como sugiere su nombre, resalta la importancia de belleza y el atractivo como condicionante hacia el éxito de las personas. Factores como la belleza facial, el atractivo sexual, el don de gentes, el modo de vestir, el manejo en encuentros sociales, la vivacidad y energía... parecen determinantes para la forma en que la sociedad trata a las personas. Aunque de forma consciente no tengamos prejuicios contra alguien poco agraciado físicamente, la sociedad en su conjunto acoge mejor en su seno a las personas atractivas y atrayentes, hasta el punto de alzarlas a estratos superiores.

A pesar de lo sugerente de su nombre, el capital erótico parece estar presente en todas las etapas de la vida de las personas. Desde pequeños, los niños más atractivos y carismáticos parecen recibir un mejor trato en la escuela por parte de sus maestros (Daniel S. Et al, 2009). Hasta en las residencias de ancianos, aquellos con mayor atractivo, capacidad de expresarse, inspirar sentimientos positivos... recibirían más atenciones por parte de sus cuidadores. Las distintas formas de capital son intercambiables: un futbolista de élite, si es atractivo y carismático tendría mayor facilidad para encontrar patrocinadores y obtener ingresos publicitarios, que otro igualmente habilidoso, pero menos agraciado físicamente.

Catherine Hakim. Fotografía: thetimes.co.uk.
La teoría del capital erótico puede catalogarse como políticamente incorrecta, dado que atenta contra los deseos del común de los mortales: todos deseamos, y es razonable, tratar y que nos traten igualmente bien, independientemente de nuestro aspecto, habilidades sociales o forma de vestir. Pero se trata de registrar una realidad social, y la realidad, a menudo, no se ajusta a nuestros deseos.

Los Trabajadores Sociales del Siglo XXI, que hemos ido asimilando la importancia de estar formas de capital derivadas de la teoría de campos de Bourdieu en nuestra praxis, no debemos despreciar tampoco este nuevo concepto de capital erótico. En primer lugar, debemos batallar contra nuestros sesgos cognitivos; para no tratar de forma menos favorable, en nuestros ámbitos de trabajo, a usuarios que no manejen bien nuestro idioma, no tengan demasiadas habilidades sociales, no vengan vestidos como se espera a una entrevista, o no se ajusten a los cánones de belleza. Por otra parte, a la hora de entablar una relación profesional-usuario; debemos tener en cuenta que nuestras habilidades sociales, nuestro manejo del lenguaje, e incluso nuestra buena presencia, influirán -aunque no sea lo deseable- en el éxito de nuestras intervenciones, de la institución para la que trabajemos y a largo plazo de nuestra carrera profesional.

Miguel CM. Estudiante de 2º del Grado en Trabajo Social. Universidad de Málaga.

Referencias:

- Bourdieu, P. (1983). Poder, Derecho y Clases Sociales. Desclée. pp. 131-164

- Bourdieu, P. (1996). Cosas Dichas. Barcelona: Gedisa

- Daniel S. Hamermesh, Rachel A. Gordon & Robert Crosnoe (2019) O Youth and Beauty: Children’s Looks and Children’s Cognitive Development. National Bureau of Economic Research. DOI: 10.3386/w26412

- Fukuyama, F. (2000). Social capital and Civil Society. Washington DC: IMF Institute.

- Hakim, C. (2010) Erotic capital. European Sociological Review,  26(5): 499-518

- Hakim, C. (2011) Erotic capital. New York: Basic Books.


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